El expresidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, recibió con honores a su homólogo venezolano, Nicolás Maduro, en Brasilia, marcando un hito en la relación entre ambos países.
Durante el encuentro, Lula expresó críticas hacia la postura adoptada por países europeos y Estados Unidos al respaldar al líder opositor Juan Guaidó en lugar de reconocer a Maduro como presidente legítimo.
Lula cuestionó cómo los países europeos, que han experimentado una plena democracia con la creación de la Unión Europea, podían aceptar la idea de respaldar a un supuesto «impostor» como presidente solo porque no les gustaba el mandatario electo por el pueblo venezolano. Asimismo, denunció el prejuicio existente contra Venezuela y expresó su deseo de que en la historia de Brasil no vuelva a romperse una relación debido a la ignorancia.
Apoyado por Maduro, Lula desestimó las acusaciones de dictadura en Venezuela, calificándolas de «narrativas» construidas durante mucho tiempo. El expresidente brasileño recordó la labor del exministro de Asuntos Exteriores, Celso Amorim, quien recorrió el mundo para desmentir las afirmaciones sobre la situación en Venezuela y explicar que la realidad era diferente a lo que se decía.
Antes de la reunión, Lula y Maduro sostuvieron un encuentro privado y luego se unieron a sus respectivas comitivas para llevar a cabo una reunión más amplia. Posteriormente, participaron en un almuerzo celebrado en la sede de la cancillería brasileña, el Palacio de Itamaraty.
Por su parte, el presidente brasileño actual, Jair Bolsonaro, criticó a Lula y compartió un video en las redes sociales en el que ironizaba sobre la «madurez» del expresidente durante su reunión con Maduro. Bolsonaro se burló de la situación, afirmando que «nadie podrá decir que él no avisó».


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