Itaú Unibanco, uno de los principales grupos financieros de América Latina, ha tomado la decisión de abandonar sus negocios en Argentina.
La compañía ha anunciado formalmente a la Bolsa de San Pablo que está en negociaciones con el Banco Macro para transferir sus operaciones en el país. Esta medida se suma a la creciente lista de empresas multinacionales que han decidido abandonar Argentina en los últimos años debido a la falta de rentabilidad y las dificultades económicas.
Aunque Itaú ha tenido éxito en otros mercados de América Latina, como Chile, Colombia, Paraguay y Uruguay, su presencia en Argentina ha sido menos exitosa. A pesar de ocupar el puesto 18 en el ranking de activos en el país, la filial argentina no ha podido mostrar resultados positivos a la matriz. Después de reportar ganancias en 2020, la filial cerró los años 2021 y 2022 con pérdidas significativas. En comparación con el negocio global del grupo, que cuenta con activos superiores a los 500.000 millones de dólares, la filial argentina representaba solo el 0,16% del negocio.
Esta decisión de Itaú de retirarse de Argentina se suma a otros casos de desinversión por parte de empresas multinacionales en el país. Empresas como Enel, Dr. Martens, Alicorp, Bradesco, Eli Lilly, Walmart, Falabella, Latam, Air New Zealand, Norwegian, entre otras, han optado por abandonar Argentina en los últimos años debido a la inestabilidad económica, la falta de un clima de negocios favorable y las restricciones gubernamentales.
La salida de estas empresas ha sido motivada por diversos factores, incluyendo el congelamiento de tarifas de servicios públicos, trabas a la importación, inflación, caída del consumo y rumores sobre cambios en las políticas gubernamentales. Estas desinversiones han generado preocupación en el país y plantean desafíos para el crecimiento económico y la generación de empleo.
En resumen, la decisión de Itaú Unibanco de abandonar sus negocios en Argentina se suma a la lista de empresas multinacionales que han optado por retirarse del país en los últimos años debido a la falta de rentabilidad y las dificultades económicas. Esta tendencia de desinversión plantea desafíos para el crecimiento y el empleo en Argentina.



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