En Francia, varias ciudades, especialmente en la región de París, han sido escenario de protestas violentas que han dejado un rastro de destrucción. A pesar del despliegue de aproximadamente 40.000 policías y gendarmes, los disturbios persisten, con edificios públicos siendo atacados, tiendas saqueadas y vehículos incendiados.
El ministro del Interior, Gérald Darmanin, elogió la valentía de los policías, gendarmes y bomberos que se enfrentaron a una violencia inusual. Según informes oficiales, se llevaron a cabo 667 detenciones en respuesta a los disturbios, mientras que 249 agentes resultaron heridos, aunque ninguno de gravedad.
El presidente Emmanuel Macron convocó una reunión de crisis en París, la segunda en dos días, lo que lo obligó a acortar su participación en una cumbre en Bruselas con líderes de la Unión Europea. Previamente, la primera ministra, Élisabeth Borne, reunió a los ministros de Interior, Justicia, Territorios y Ciudad para abordar la situación y condenar los actos insoportables e inexcusables que se estaban produciendo.
En París, varias tiendas en el centro comercial Les Halles y en la turística y comercial calle Rivoli, que conduce al museo del Louvre, fueron vandalizadas, saqueadas o incendiadas durante la noche. Además, las protestas se extendieron a otras ciudades, donde se atacaron comisarías, ayuntamientos y escuelas.
En la barriada Pablo Picasso de Nanterre, donde vivía el joven Nahel, se vivieron altercados violentos, con vehículos incendiados, disparos de cohetes e incluso el incendio de una sucursal bancaria, según informes de la Agencia France-Presse.
Los disturbios se desencadenaron tras la muerte de Nahel, de 17 años, el martes en los suburbios de París. El joven recibió un disparo a quemarropa de un agente durante un control de tránsito en Nanterre, al oeste de la capital. Los hechos fueron capturados en video y han avivado el debate sobre la violencia policial en Francia, donde en 2022 trece personas murieron en circunstancias similares.
El jueves, una marcha en homenaje a Nahel en Nanterre reunió a 6.200 personas convocadas por su madre, Mounia, y sirvió para expresar la rabia y el miedo hacia las fuerzas del orden, a las que se percibe como racistas y violentas. Mounia declaró en una entrevista que no culpa a la policía en su conjunto, sino a la persona que le quitó la vida a su hijo, afirmando que el agente vio un rostro árabe y quiso arrebatarle la vida.
La justicia ha dictado prisión preventiva por homicidio voluntario para el agente, de 38 años, quien, según su abogado, se encontraba extremadamente conmocionado por la violencia mostrada en el video difundido de los hechos.
Los disturbios actuales en Francia evocan los acontecimientos ocurridos en 2005
, cuando estallaron disturbios en los suburbios de las grandes ciudades después de la muerte de dos adolescentes que huían de la policía y fallecieron electrocutados en Clichy-sous-Bois, al noreste de París.
El gobierno francés se encuentra en una situación delicada, ya que sus críticas a la actuación policial han generado malestar entre los sindicatos de policía. El objetivo del ejecutivo es equilibrar la firmeza frente a los disturbios con la necesidad de apaciguar la tensión. La oposición de derecha y extrema derecha ha pedido al gobierno de Macron que declare el estado de emergencia, tal como se hizo en 2005.


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