Los bancos, en respuesta a la incertidumbre de la transición y los cambios venideros en la política monetaria tras el próximo 10 de diciembre, han adoptado medidas defensivas para resguardar sus posiciones. En la jornada posterior al balotaje, renovaron solo el 40% de los títulos Leliq, emitidos por el Banco Central, de un total de vencimientos de $2.700 millones.
Esto se atribuye a dos motivos principales. Por un lado, los bancos públicos buscaron liquidez para participar en una licitación de títulos del Tesoro por $1.520 millones, obteniendo un endeudamiento neto de $1.760 millones. Por otro lado, los bancos privados optaron por reducir sus inversiones en Leliq, cambiándolas parcialmente por pases pasivos, ante el escenario de incertidumbre con el cambio presidencial.
Javier Milei considera la abultada cifra de los títulos Leliq como una «bomba», con un stock de pasivos que alcanza los 23 billones de pesos. Sin embargo, eliminar las restricciones cambiarias de manera abrupta podría generar una inyección masiva de pesos, presión sobre el tipo de cambio e inflación. Por lo tanto, antes de levantar el cepo, se precisa una estrategia para manejar estos pasivos.
La Asociación de Bancos de Capital Privado Nacional (Adeba) propuso un plan para desactivar esta «bomba» de manera controlada y sin crisis. La estrategia implica eliminar los factores que hicieron crecer los títulos Leliq y, en su lugar, introducir otros elementos que reducirían su stock y rendimiento. Esta propuesta incluye la venta de títulos del Tesoro Nacional en poder del Banco Central, una posible remonetización de la economía y una reducción en el rendimiento de las Leliq gracias a un tipo de cambio real alto y una disminución del gasto público.
En resumen, Adeba asegura que, con un nuevo gobierno y un programa económico sólido, es posible reducir el stock de Leliq y su rendimiento sin recurrir a medidas extremas que impliquen acelerar la inflación o incumplir contratos.


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