El acuerdo comercial anunciado por la Casa Blanca entre Estados Unidos y la Argentina abrió el debate sobre sus ganadores, perdedores y alcances estratégicos. Aunque el texto final aún no se conoce y deberá ser firmado por Javier Milei y Donald Trump —y luego ratificado por ambos Congresos—, el entendimiento ya anticipa efectos económicos y geopolíticos de gran magnitud.
El convenio abarca sectores muy diversos, desde carne, acero y aluminio hasta minería, farmacéutica, telecomunicaciones y automotriz. En algunos rubros, como las exportaciones de acero y aluminio, la Argentina recuperaría competitividad tras las subas arancelarias aplicadas por Washington. En otros, como el ingreso de carnes estadounidenses o el régimen de patentes, el resultado es incierto y podría favorecer a Estados Unidos.
El acuerdo exigirá a muchas industrias locales elevar estándares para competir con productos del Norte. Además, otorga a bienes estadounidenses —medicinas, químicos, maquinaria, tecnología, autos, dispositivos médicos y productos agrícolas— un acceso preferencial al mercado argentino, un movimiento alineado con la estrategia de Washington frente a China.
Uno de los objetivos centrales es impulsar el comercio bilateral y atraer inversiones. El impacto real —en dólares, empleo y crecimiento— dependerá de cómo avance cada sector una vez implementado el acuerdo.
Más allá de lo económico, el pacto profundiza el alineamiento político y geopolítico de la Argentina con Estados Unidos, que en el último año se volvió un respaldo financiero clave para el país.
Tanto Milei como Trump obtienen ganancias políticas con el anuncio. Resta conocer la letra chica para medir su impacto concreto en la economía argentina.


Deja un comentario