La Asamblea de Expertos de Irán eligió a Mojtaba Khamenei como nuevo líder supremo del país, tras el fallecimiento de su padre, Ali Khamenei. La decisión, reportada por medios internacionales, consolida una sucesión que durante años fue considerada probable dentro del círculo de poder iraní.
A sus 56 años, Mojtaba Khamenei —clérigo de rango medio— accede al máximo cargo político y religioso de la República Islámica, pese a no haber ocupado nunca un puesto público formal. Su influencia se ejercía desde el entorno más cercano a su padre, donde desempeñaba un rol clave como asesor y operador político.
Considerado un ultraconservador, mantiene estrechos vínculos con la Guardia Revolucionaria y la milicia Basij. Analistas lo señalan como un firme partidario de la represión interna contra la disidencia y de una política exterior de línea dura.
Su nombre estuvo vinculado a las controvertidas elecciones presidenciales de 2005 y 2009, cuando respaldó a Mahmud Ahmadinejad. También fue señalado como figura influyente en la represión de las protestas antigubernamentales de junio de 2009. Su designación podría generar tensiones dentro del estamento religioso chiita, debido tanto a sus limitadas credenciales teológicas como al carácter hereditario de la sucesión.
En el plano internacional, Mojtaba Khamenei se encuentra bajo sanciones de Estados Unidos desde 2019. Washington lo acusa de actuar como representante del Líder Supremo y de colaborar con la Fuerza Quds en la financiación y entrenamiento de grupos como Hezbollah y Hamas, en el marco de lo que describe como actividades desestabilizadoras en la región.
Además, investigaciones recientes lo vinculan con una presunta red financiera internacional utilizada para transferir activos fuera de Irán, incluyendo bienes inmobiliarios en Londres y Dubái, así como intereses bancarios y hoteleros en Europa.
Informes financieros publicados en enero de 2026 sostienen que estaría relacionado con el desvío de ingresos petroleros iraníes a través de múltiples jurisdicciones. Según datos del Departamento del Tesoro de Estados Unidos y reportes de medios internacionales, se habrían transferido “millones y decenas de millones” de dólares a instituciones globales, incluyendo el envío de 1.500 millones de dólares en criptomonedas a una cuenta en Dubái.


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