En Argentina, el aumento del precio de la carne bovina ha llevado a un cambio en los hábitos alimenticios de la población debido a la crisis inflacionaria.
El costo de la carne ha aumentado casi un 20%, triplicando la última cifra de inflación reportada por el INDEC en julio. Esto ha llevado a que la carne represente menos de la mitad del consumo total de proteínas de origen animal.
En las carnicerías, se observa cómo la gente opta por cortes más económicos, como alitas de pollo, debido a los altos precios de la carne bovina. Muchos clientes ya no pueden permitirse comprar cortes más costosos, como el asado, lomo o peceto, y buscan opciones más asequibles como la falda.
Un informe de la Bolsa de Comercio de Rosario reveló que, a pesar de ciertas proyecciones favorables, el poder adquisitivo de las remuneraciones en el país se encuentra 10 kilos por debajo del promedio de los últimos 10 años. Esto ha llevado a una disminución en el consumo de carne y ha generado preocupación entre los ciudadanos que ven cómo su capacidad de compra disminuye ante la inflación creciente.


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