La designación y los recientes ascensos vinculados al entorno del vocero presidencial, Manuel Adorni, desataron una fuerte tensión en el Gabinete nacional. La ministra de Seguridad, Patricia Bullrich, expresó su profundo malestar ante lo que considera una contradicción evidente con el discurso de austeridad del oficialismo, advirtiendo puertas adentro que este tipo de decisiones amenaza con golpear la imagen que llevó a Javier Milei a la Presidencia.
El foco de la polémica, denominado en los pasillos de la Casa Rosada como el «caso Adorni», se centra en el nombramiento estatal de Francisco Adorni, hermano del vocero, como asesor en el Ministerio de Defensa con un salario que inicialmente superó los 2,6 millones de pesos y que luego fue ajustado al alza. La controversia se profundizó semanas después con la recategorización del propio portavoz al rango de Secretario de Estado, un movimiento que implicó un salto salarial significativo en un contexto de estricto ajuste sobre el gasto público.
Para Bullrich y su círculo político, estas medidas resultan difíciles de defender ante la opinión pública y sabotean el esfuerzo de recorte que se exige en el resto de las carteras. Durante reuniones privadas, la titular de Seguridad no ocultó su enojo y señaló que la falta de coherencia entre el lema «no hay plata» y la mejora económica de funcionarios del círculo íntimo erosiona la credibilidad de la gestión frente a la sociedad.
La advertencia de la ministra ya encendió alarmas en la cúpula del Gobierno. Los principales estrategas de La Libertad Avanza temen que la acumulación de estas controversias y las acusaciones de nepotismo generen un desgaste prematuro y se traduzcan en un costo electoral directo. La preocupación central radica en que la oposición logre capitalizar este descontento para desarmar la narrativa «anticasta», poniendo en riesgo el apoyo popular que la administración de Milei necesita para sostener su plan de reformas.


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