El consumo masivo en la Argentina registró una caída del 2,7% durante el mes de junio, lo que profundiza la tendencia negativa del sector. Con este resultado, el primer semestre de 2026 cerró con una contracción acumulada cercana al 3%, una cifra que refleja el impacto directo de la coyuntura económica en los hábitos de compra de los ciudadanos.
La retracción en las góndolas afecta de manera transversal a diversas categorías, pero se siente con fuerza en los productos de la canasta básica, incluyendo alimentos, bebidas y artículos de higiene y limpieza. Esta dinámica es la respuesta inmediata a la pérdida del poder adquisitivo frente a la inflación, un factor que obliga a las familias a reconfigurar sus presupuestos, migrar hacia segundas marcas y realizar compras más racionales y de menor volumen.
El retroceso en los niveles de ventas golpea por igual a los distintos canales de comercialización, abarcando tanto a las grandes cadenas de supermercados como a los comercios de cercanía y autoservicios independientes. Ambos formatos enfrentan una merma sostenida en el flujo de clientes y en la cantidad de unidades por ticket.
De cara a los próximos meses, los analistas del mercado advierten que la reactivación del consumo dependerá exclusivamente de una recomposición de los ingresos reales. Mientras tanto, las empresas de consumo masivo y los comercios minoristas se ven forzados a intensificar sus estrategias comerciales, apostando por agresivas promociones y descuentos para intentar sostener los niveles de actividad.


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