El precio internacional del petróleo experimenta una fuerte escalada en los mercados globales y vuelve a acercarse a la barrera de los 100 dólares por barril. Esta tendencia alcista, sostenida en las últimas semanas por recortes en la producción y renovadas tensiones geopolíticas, plantea un escenario económico de doble filo para la Argentina.
En las rondas de negociación más recientes, la cotización del crudo Brent —de referencia para el mercado local— registró incrementos continuos que lo posicionan a un paso de los tres dígitos. Especialistas del sector energético advierten que la combinación de una demanda firme y una oferta restringida por parte de los países productores es el principal motor de esta suba, la cual ya encendió alertas sobre los costos logísticos a nivel mundial.
A nivel doméstico, el impacto más inmediato amenaza con reflejarse en los surtidores. El encarecimiento del barril internacional amplía la brecha con los valores locales, lo que genera una fuerte presión para que las principales refinadoras apliquen nuevos aumentos en los precios de las naftas y el gasoil. Una actualización tarifaria en el combustible impactaría de forma directa en la cadena de distribución, sumando un nuevo desafío para la contención de la inflación en el país.
Sin embargo, el repunte global también representa una oportunidad estratégica para la recaudación de divisas. Gracias a la sostenida expansión productiva y exportadora de Vaca Muerta, un petróleo cotizando cerca de los 100 dólares incrementa de manera notable el valor de los envíos argentinos al exterior. Este contexto favorable podría inyectar un volumen de dólares superior al previsto inicialmente, un flujo considerado clave para fortalecer las reservas del Banco Central y consolidar el superávit de la balanza comercial energética.


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