El equipo económico del Gobierno trazó una ambiciosa meta financiera para la segunda mitad de su gestión: acumular otros 10.000 millones de dólares en las reservas del Banco Central antes de las elecciones presidenciales de 2027. Esta estrategia busca consolidar la estabilidad macroeconómica, fortalecer el balance de la entidad monetaria y generar un blindaje frente a posibles turbulencias en la antesala del próximo proceso electoral.
Para alcanzar esta cifra, el Ministerio de Economía apuesta fuertemente a sostener y ampliar el superávit comercial. Las proyecciones oficiales confían en el ingreso sostenido de divisas provenientes del sector energético —con el desarrollo de Vaca Muerta como pilar fundamental—, junto con el rendimiento de las exportaciones agropecuarias y mineras. A este esquema productivo se suma la intención de captar nuevas inversiones extranjeras y la expectativa de sellar futuros desembolsos con el Fondo Monetario Internacional (FMI) y otros organismos multilaterales.
En el Palacio de Hacienda consideran que llegar a 2027 con un colchón robusto de dólares es indispensable para avanzar en la normalización definitiva del mercado cambiario y asegurar el cumplimiento de los vencimientos de deuda externa. De concretarse, este incremento en las arcas del Banco Central no solo despejaría las dudas del mercado sobre la capacidad de pago del país, sino que también se posicionaría como uno de los principales activos políticos del oficialismo de cara a la próxima campaña.


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