El acceso a la vivienda propia sufre un duro revés en el país. Durante el transcurso de 2026, el otorgamiento de créditos hipotecarios registró un drástico desplome superior al 40%, marcando uno de los retrocesos más pronunciados de los últimos años tanto para el sector financiero como para el inmobiliario.
La abrupta caída en las carpetas aprobadas responde principalmente a la dificultad de los solicitantes para calificar a los montos requeridos. La pérdida de poder adquisitivo de los salarios frente al costo de vida, sumada a las exigentes condiciones y tasas de interés que imponen las entidades bancarias, dejó fuera del sistema a gran parte de la clase media que tradicionalmente dinamizaba este mercado.
Como consecuencia directa de este escenario, las operaciones de compraventa de inmuebles muestran una fuerte paralización. Referentes del sector advierten que la falta de herramientas de financiación a largo plazo genera una acumulación en el stock de propiedades a la venta, las cuales no logran encontrar una demanda con capacidad real de pago.
Especialistas económicos estiman que esta tendencia recesiva en el rubro hipotecario difícilmente logre revertirse en el corto plazo. Sin la aparición de nuevas líneas de crédito con condiciones más accesibles o políticas de estímulo concretas, el mercado de bienes raíces seguirá operando muy por debajo de su potencial, postergando el objetivo de miles de familias.


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