El consumo masivo en la Argentina registró una nueva y fuerte contracción durante agosto, profundizando la tendencia negativa que atraviesa el sector comercial. De acuerdo a los últimos relevamientos privados, las ventas generales sufrieron una caída interanual del 17,2%, un indicador que refleja de manera directa el impacto de la pérdida del poder adquisitivo en el presupuesto de los hogares.
El retroceso en las ventas no se dio de forma homogénea, sino que golpeó con mayor dureza a rubros que los consumidores empezaron a relegar. Los sectores más afectados fueron los de limpieza del hogar y cuidado personal, que exhibieron derrumbes superiores al 20% en la comparación interanual. Asimismo, el segmento de bebidas —tanto alcohólicas como analcohólicas— anotó bajas de hasta un 15%, evidenciando un drástico recorte en aquellos gastos considerados no esenciales.
En cuanto a la distribución geográfica y los canales de comercialización, el declive se sintió en todo el territorio, aunque el interior del país reportó un descenso más pronunciado que el Área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA). Los comercios de cercanía y los autoservicios independientes fueron los grandes perdedores del mes, mientras que las grandes cadenas de supermercados lograron amortiguar una pequeña parte del impacto gracias a la agresiva aplicación de promociones bancarias y descuentos por volumen.
Frente a este escenario, los especialistas advierten una consolidación en el cambio de hábitos de compra. Las familias hoy realizan visitas más frecuentes pero de menor volumen, priorizando estrictamente las segundas y terceras marcas para sostener la canasta básica de alimentos, que de todos modos experimentó una baja en torno al 10%. Sin un repunte significativo en los salarios reales que logre ganarle a la inflación acumulada, las proyecciones anticipan que la recuperación del consumo seguirá estancada en el corto plazo.


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