A pocas horas de las decisivas elecciones en Estados Unidos, el Gobierno nacional evalúa con cautela los escenarios políticos y económicos ante una eventual derrota de Donald Trump. En los pasillos de la Casa Rosada y el Ministerio de Economía, el equipo de asesores presidenciales monitorea al detalle los comicios de este martes, conscientes de que un revés electoral para el candidato republicano podría desencadenar volatilidad en los mercados emergentes y afectar de lleno la macroeconomía argentina.
La principal preocupación oficial radica en el impacto financiero directo, específicamente en una inminente suba del riesgo país. Frente a esta posibilidad, el gabinete económico ya delinea medidas de contingencia para contener el indicador y evitar que escale por encima de barreras críticas. Una disparada de este índice encarecería el acceso al crédito internacional, sumaría presión sobre los bonos soberanos y complicaría la agenda financiera prevista para el cierre del año.
El posicionamiento estratégico de la actual administración ha estado fuertemente alineado con el líder republicano, apostando a que su llegada a la Casa Blanca facilitaría futuras negociaciones con el Fondo Monetario Internacional (FMI) y aceleraría la llegada de inversiones. Sin embargo, frente a un panorama electoral sumamente reñido, el oficialismo busca transmitir tranquilidad a los mercados y ya recalibra su estrategia geopolítica para blindar los números locales ante cualquier fluctuación brusca proveniente de Wall Street.


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