El financiamiento a las familias argentinas continúa sin mostrar señales de recuperación en el cierre de 2026. A pesar de las expectativas de reactivación, el acceso al crédito se mantiene fuertemente deprimido, reflejando el impacto sostenido de la pérdida del poder adquisitivo y la cautela de los consumidores frente al endeudamiento.
El dato más alarmante se observa en las operaciones con tarjetas de crédito, que registraron una contundente caída interanual del 12,2%. Este retroceso evidencia las dificultades actuales de los hogares para financiar sus consumos, un fenómeno impulsado tanto por los altos costos financieros como por la falta de actualización en los límites de compra otorgados por las entidades bancarias.
Por su parte, el segmento de los préstamos personales acompaña este escenario negativo al acumular 13 meses consecutivos de debilidad. La prolongada contracción en esta línea de financiamiento demuestra que los usuarios evitan asumir compromisos a mediano y largo plazo, mientras que los bancos mantienen políticas de riesgo estrictas que limitan la inyección de nuevos fondos al mercado.
En conjunto, estas cifras exponen un panorama complejo para la economía doméstica. La parálisis del crédito familiar no solo afecta la planificación financiera de los hogares, sino que también representa un freno significativo para el repunte del consumo masivo y la actividad comercial del país en el corto plazo.


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