Producir donde «la diversidad es tremenda» y los números también

Eusebio Baldomá es productor de Metán, Salta, y cuenta cómo es producir en una zona donde «el flete representa el 30% del costo».

Para esta nota conviene tener a mano Google Maps, es que vamos a conocer más sobre una zona que ayuda mucho visualizarla con la vista tipo “satélite”, para ir conectado con las descripciones que nos comparte nuestro socio del mes, Eusebio Baldomá.

Empecemos yendo a Salta. Lo primero que se ve es una provincia con predominancia de marrones y amarillos hacia el oeste, un verde más intenso en el centro y verdes más claros hacia el este. Si hacemos zoom en ese verde más intenso, aparece el departamento de Metán. Acá es donde Eusebio produce y donde asegura que “la diversidad es tremenda”.

Rosario de la Frontera, San José de Metán, son algunas de las localidades que están al pie de una cadena montañosa y donde el suelo cambia según qué tan cerca esté del cerro. “Todo lo que está al pie del cerro, sobre la ruta 34, hasta unos 20 kilómetros hacia el este, es una zona productiva por excelencia”. Ahí llueven 1200 milímetros al año y se siembra soja y maíz. Después, cuanto más uno se aleja, la tierra es más seca, con 400 a 600 milímetros anuales, 45º de calor en pleno verano y con mucha producción de porotos de todo tipo (negro, alubia, dark, también sésamo y otras especialidades).

Eusebio es productor agropecuario de cuarta generación en la zona, y hace producción agrícola y algo de ganadería. Este año también asumió el desafío de administrar los campos que la empresa Baya Casal tiene en Salta, y es socio de la Regional Metán de Aapresid, que se refundó recientemente luego de estar activa entre 2011 y 2016.

“Acá hay productores chicos y medianos, pero también algunos con 10 mil o 15 mil hectáreas, y la información que manejan es totalmente enriquecedora”,cuenta.

Y es que producir en Metán implica tomar decisiones muy distintas a las que se toman en otras regiones productivas de Argentina. El paisaje y el clima se parecen más a los de Brasil, Bolivia o Paraguay que a cualquier otra zona del país.

El flete, un costo que no perdona

Si seguimos con el mapa abierto, hay otro dato que salta a la vista: la distancia a los puertos. La ruta que une Metán con los puertos del Gran Rosario suma casi 1000 kilómetros. Esa distancia pesa fuerte en los márgenes y Eusebio le pone números.

“El flete representa alrededor del 30% del costo. Acá cobran 60 dólares la tonelada”.

Una manera de achicar los costos fijos es crecer en superficie, pero el riesgo crece también. “Si crecés a base de arrendar campos, la mitad pueden ser en zonas buenas y la otra mitad en zonas más marginales, y si un año la coyuntura te golpea, te podés fundir”, comenta. Hace unos años, cuando era parte del grupo CREA, Eusebio presentó un informe: solo los costos de administración y estructura llegaban a 70/80 dólares por hectárea en 1000 hectáreas, sin costos impositivos. “Mientras más hectáreas administrás, estos costos se achican, pero igual son altísimos”.

En este contexto, cada cultivo es una apuesta. “El año pasado, el poroto negro se vendió a 300/350 dólares la tonelada, con un costo de producción de unos 620 dólares por hectárea. Brasil produjo como nunca y no valió nada”, explica. Este año hubo una helada fuerte en el país brasileño y hoy el poroto vale 500 dólares más. Claro que después del golpe del año pasado, la siembra de esta campaña fue muy baja. “No es muy alentador, pero el mercado es oferta y demanda”, admite nuestro socio destacado.

Las variables que sí se pueden manejar

Aunque el contexto exige lidiar con variables que escapan al control de los productores, sigue habiendo resto para mejorar. Por eso la Regional Metán tiene tanto valor para Eusebio. “En una zona donde hay tanta diversidad de producción y de manejos, juntarte con productores para intercambiar conocimiento y experiencias te hace ahorrar tiempo y dinero”.

Un tema que viene trabajando la Regional es cómo hacerle frente a la chicharrita (Dalbulus maidis), plaga que pegó fuerte en 2023. Para Eusebio, la elección del material es la primera decisión de la campaña en maíz. Hace poco visitó un campo con 14 ensayos donde se pudo ver que “los maíces tropicales son mucho más tolerantes y te pueden salvar de un año catastrófico. Es cierto que resignás kilos, pero con un tropical vas a tener una cosecha sí o o sí”. No es casualidad que para encontrar materiales que fucnionen en esta zona, los semilleros miran a Brasil y Paraguay, y traen lo que funciona allá.

En soja también estuvo probando. “Este año probé todas las variedades que hay en soja, Conkesta y Enlist. Elegí tres y las puse en diferentes ambientes para comparar. Lo que vi es que se mostraron superiores a las variedades anteriores de Intacta. Mostraron más rendimiento y con más resistencia a plagas. Obviamente también es clave para el manejo de malezas. Acá tenemos mucho ataco, como le decimos nosotros al yuyo colorado, pero gracias a esta tecnología hoy ves lotes impecables”, comparte.

¿Cómo se planifica la campaña en esta región? ¿Por dónde se empieza? En su caso, con un presupuesto por zonas y una rotación que “no se discute”: lo que fue a maíz va a soja, y viceversa. La fertilización es otro punto fijo. “Mi experiencia es fertilizar sí o sí”, aunque reconoce que no es lo que hace todo el mundo.

Días después de la entrevista, Eusebio mandó un mensaje por WhatsApp. “Si quedó algo pendiente lo charlamos”, escribió. Y agregó algo que quería ampliar: “Desarrollar más zonas marginales y buenas”, tanto campos que no están en su máximo potencial como zonas que ya producen pero que podrían hacerlo mejor”, escribió. “La herramienta existe y son los cultivos de servicio, como vicia o centeno. Con 45 grados en enero y febrero, si tenés cobertura, un cultivo puede aguantar 10 o 12 días sin precipitaciones; sin cobertura, lo perdés todo”, afirma.

Y cerró con algo que reconoce puede parecer “una obviedad pero vale la pena decirlo”: hay que medir más, sobre todo en los campos más productivos. “Mapear cada lote para identificar zonas altas, medias y bajas y hacer un manejo variable. Uno peca de saber que llueve pero no mide nada, y no se da cuenta de la cantidad que pierde o gasta de más”. Eusebio propuso hacer más zoom al mapa que miramos al comienzo de esta nota, con la misma lógica, pero aplicada al lote.

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