La industria vitivinícola de Salta atraviesa una crisis sin precedentes, golpeada por una caída histórica en las ventas y un alarmante sobrestock en las bodegas. El sector, vital para la economía regional, enfrenta un escenario crítico que pone en jaque tanto a los productores locales como a toda la cadena de comercialización.
El dato más contundente de esta recesión es el desplome del consumo per cápita. Según las últimas cifras que alarman a la industria, la demanda pasó de un registro histórico de 90 botellas por persona a tan solo 16 en la actualidad. Esta drástica reducción generó un volumen de stock acumulado que las fincas no logran ubicar en el mercado, paralizando gran parte de la actividad productiva.
A la paralización de las ventas se le suma una asfixiante presión tributaria que encarece de manera directa el producto en las góndolas. Los referentes del sector advierten que el 62% del precio final que paga un consumidor por cada botella corresponde exclusivamente a impuestos, un factor que destruye la competitividad y dificulta cualquier estrategia para reactivar la demanda.
Frente a este complejo panorama, los productores salteños advierten sobre la insostenibilidad del modelo actual. La combinación de un consumo en sus mínimos históricos, bodegas repletas de mercadería sin salida y una carga fiscal agobiante amenaza con desencadenar consecuencias severas para el empleo y el futuro de una de las industrias más emblemáticas del norte argentino.


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