El regreso del crédito hipotecario al mercado inmobiliario argentino abrió una nueva ventana de oportunidades para quienes buscan acceder a la vivienda propia. Sin embargo, frente a una decisión financiera de largo plazo, los especialistas del sector advierten que es fundamental analizar en detalle las condiciones que ofrecen los bancos antes de firmar cualquier contrato para evitar complicaciones futuras.
La variable central a tener en cuenta es el sistema de actualización y la tasa de interés. En la actualidad, la mayoría de las líneas crediticias están atadas a la inflación mediante la Unidad de Valor Adquisitivo (UVA), a la que se le suma una Tasa Nominal Anual (TNA) que suele oscilar entre el 3,5% y el 8%, dependiendo de si el cliente cobra su sueldo en la entidad. Evaluar la proyección de los ingresos personales frente a la inflación resulta clave para que el impacto de la cuota en el bolsillo no se vuelva insostenible con el paso de los meses.
Otro punto determinante es el tope de financiamiento y el capital inicial requerido. Las instituciones bancarias prestan, por regla general, hasta el 80% del valor de compra o tasación de la propiedad (tomando siempre el menor). Esto obliga al comprador a contar con ahorros previos equivalentes al 20% restante, a lo que se debe sumar entre un 8% y un 10% extra en dólares para cubrir los gastos de escrituración, comisiones inmobiliarias e impuestos.
Finalmente, los plazos de pago y la afectación de los ingresos son factores que definen la viabilidad del préstamo. Con esquemas de devolución que pueden extenderse hasta los 30 años, la normativa bancaria establece que la cuota mensual inicial no debe superar el 25% de los ingresos netos del solicitante o de su grupo familiar. Los expertos recomiendan realizar múltiples simulaciones en los portales bancarios, comparar la Tasa Efectiva Anual (TEA) y el Costo Financiero Total (CFT), y contemplar los costos ocultos para asegurar que el acceso a la casa propia sea una inversión segura.


Deja una respuesta